EL ÁRBOL DE LA CIENCIA, Pío Baroja
Quienes entiendan de la materia empezarían a hablar de este libro comentando que Baroja fue uno de los mejores escritores de la generación del 98, y explicarían el porqué de tal afirmación. Como yo me considero bastante inculta en la materia me limitaré a contar mi versión del libro y así me ahorro el equivocarme.
Todo empieza, continúa y acaba hablándonos de Hurtado, su protagonista. Y es que no hay un argumento concreto en este libro sino un suceder de hechos en torno a este personaje. Yo diría que el peso de la obra recae en dos puntos fundamentales: las reflexiones de chico y las múltiples caras de algunos lugares de España a finales del XIX.
Vayamos por partes. En primer lugar, Hurtado se asemeja a ese tipo de personas que viven gran parte de su tiempo hastiadas del mundo y de la sociedad. Personas que ven más allá que la mayoría y a quienes eso que contemplan les produce un profundo rechazo. Esta característica de Hurtado es una de las herramientas para sacar provecho a los hechos que se suceden.
En segundo lugar, en el transcurrir de la novela el protagonista pasa temporadas de su vida en diferentes escenarios (Madrid y dos pueblos, uno manchego y el otro de Valencia). De cada uno de ellos Hurtado hace su propia lectura de acuerdo con esa visión del mundo y de la sociedad que le caracteriza.
En último lugar, Hurtado visita en varias ocasiones a su tío Iturrioz, con quien mantiene conversaciones filosóficas variadas (naturaleza Vs. voluntad, religión Vs. filosofía Vs. ciencia). Algunos de sus debates reflexionan sobre cuestiones más cotidianas, pero otras, son bastante hondas y mucho más largas.
Todo este enjambre de herramientas pone Pío Baroja a disposición de quien lea esta novela para dar a conocer su versión de la España de aquél tiempo. Una desazón constante rodea a esta visión de la sociedad española, de la mano de su protagonista pero con ayuda de un abundante y variado elenco de personajes envueltos en diversas situaciones críticas.
Si bien la trama no me ha enganchado demasiado, hay tramos en los que da gusto leer a este autor. De qué forma tan extraoirdinaria se describen las situaciones, las personas que las viven y las reacciones interiores que Hurtado experimenta.
Sin embargo, el discurso existencialista me ha agotado un poco, se regodea un poco en la amargura.
En bastantes momentos se puede decir que "no deja títere con cabeza" puesto que el autor prácticamente se burla de los complejos de España, de la mediocridad de muchas de sus gentes, con sus costumbres y discursos trasnochados, con su ceguera. Arremete contra el patriotismo, la vulgaridad, la crueldad humana, etc.
¿A alguien le parece esto ajustable a la España actual? Las comparaciones no son tan odiosas...
Páginas: 249
Lo mejor: el uso del lenguaje, la descripción de la España de aquél tiempo y la vigencia de su obra (esto último más bien es lo peor y no lo mejor).
Valoración: 8 /10